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La cultura en la democracia |
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Juan Carlos Alarcón |
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En sociología, se dice que el carácter ambiguo de una transición hacia la democracia deja a menudo ocultos muchos de los efectos (y responsabilidades) de la represión cultural produciendo falsos héroes. Ese carácter ambiguo de la transición también se relaciona con la evolución de la represión y, particularmente, de los "poderes de orden fácticos" responsables de ella y lleva al empobrecimiento intelectual de un país o una región.
Dentro de las propias democracias, hay gobiernos que se exceden en el uso del poder y aplican proyectos políticos basados en el autoritarismo. Es con actitudes de esta naturaleza que se busca condenar al silencio la palabra o a la creación artística cuando se la considera "inútil" a los proyectos de quienes gobiernan "democráticamente". Es decir, cuando esas autoridades consideran que la cultura es incapaz ya de proporcionar los soportes políticos de sus ambiciones producen acciones que van en contra del propio pueblo que los eligió.
Esta situación nos lleva a la reflexión de ¿cuál es el rol de la cultura en un gobierno democrático? Pero ¿Cómo hablar de la cultura sin tener en cuenta que el término de cultura es amplio, y que incluye tanto a la educación, los usos y costumbres, como a la identidad de un lugar? La cultura, en cualquier proceso de transformación democrática, necesariamente debe ser el eje de una transformación social y moral, y una herramienta política para cualquier gobierno que es elegido legítimamente en un sistema democrático. La cultura es también un instrumento, una expresión artística y un motor económico para cualquier región del mundo. El hombre político que no lo entienda así no se da cuenta que, cuando se habla de cultura, se está hablando de valores materiales, espirituales y educacionales de la sociedad.
El bienestar de un pueblo se debe dotar con las propuestas y el contenido que aportan artistas, artesanos y animadores culturales, administradores y especialistas en política cultural. Es la manera más simple de impulsar acciones concretas en materia de desarrollo cultural, federalista y, sobre todo, en defensa de las autonomías municipales y su descentralización.
Corresponde al Estado ser promotor de la cultura. Crear políticas públicas para poder brindar facilidades, y donde la gente pueda producir y generar condiciones en el libre desarrollo cultural de la sociedad porque, como dijo Perón en su libro La fuerza es el Derecho de las Bestias: "La violencia en cualquiera de sus formas no afirma derecho sino arbitrariedades. Recurrir a la fuerza para solucionar situaciones políticas es la negación absoluta de la democracia". |