Francia y las elecciones municipales

Juan Carlos Alarcón

En Francia ya estamos de nuevo en campaña electoral. El 9 de marzo próximo 36591 municipios deberán elegir a sus nuevos representantes gubernamentales. 

La tradición dice que son elecciones locales donde prevalecen las prerrogativas y la gestión local. En cada ciudad grande o pequeña; en cada pueblo agrícola o turístico, se discutirá del agua, de la luz, del transporte, de la basura, del farolito de la esquina y hasta podríamos embalarnos a discutir si el papel higiénico es suficientemente reciclable. 

Los políticos locales se sientan en las ferias de sus localidades vendiendo su producto políticos y administrativos consumibles en 4 años. En los pequeños pueblos la campaña se efectúa puerta a puerta, casa por casa. Es necesario saber convencer y cerrar fuerte la mano de cada pasante. También se afilan los cuchillos contra esos otros que pretenden sentarse en el trono de sus municipios y que quieren incrustarse desde las grandes ciudades donde no serían nunca electos. Es una tradición en Francia que, cuando un ministro no es diputado se busque el aval popular en las candidaturas de alcalde. Entonces se busca el pueblito más chico y favorable, desplazando las ambiciones de los políticos locales.

En general, en las elecciones municipales se vota a la persona y no al partido que representa. En Lyon las elecciones se debería jugar con el equipo de fútbol que viene ganando los campeonatos uno detrás de otro y, en Marsella, el que hable mal del Olímpico de Marsella quedará degollado, fuera de toda posibilidad de ser alcalde. Hoy en día los alcaldes deben demostrar ser mejores gestionarios que políticos. Por supuesto, no importa el color político en que termine la carta cívica francesa, el poder nacional seguirá siendo el mismo y seguirá empujando sus propias políticas. 

Hasta ahora, los diferentes presidentes franceses observaban estas elecciones con cierta discreción ya que ellos eran "Presidentes de todos los franceses". Claro, eso era hasta ahora según la tradición electoral municipales. Pero todo cambia, también la tradición cambia. Hoy está gobernando Super Sarkozy y él no funciona como un presidente tradicional, en todo caso como el presidente de todos los franceses. El funciona como presidente de su propio partido y cuando está en Francia participa de los mítines locales junto a su ejecutivo. 

El no tendría que meterse, pero lo hace descaradamente. Sin embargo, esto parecería en alguna medida también agradarle a la oposición, porque observan en el "gran cacique" no sólo su dinamismo sino también sus debilidades dónde se lo puede atacar más fácilmente. Su política liberal está haciendo agua por todos lados y, cada día, los sondeos le están siendo más desfavorables. 

Los líderes opositores se largaron a la arena de los mítines locales, y ya se vio a la ex candidata Segolène Royal participando en mítines, así como también se lo vio a su ex, François Hollande (Secretario general del PS), pero sin cruzarse en los actos políticos porque ellos también se divorciaron no hace muchos meses, y todavía las papas están calientes.

La consigna general es llevar la discusión de las políticas locales a la cuestión nacional ya que, sin duda, muchos de los problemas regionales están ligados con los problemas nacionales que se vienen viviendo en la actualidad: perdida del poder adquisitivo, modificación de los tiempos laborales, reformas de la planificación judicial y de la planificación hospitalaria que deja a las pequeñas ciudades sin tribunales ni hospitales, etc., etc.

Hay quienes sueñan que estas elecciones sean un plebiscito en contra o a favor de "Super Sarko". Para eso contribuye en la campaña electoral el propio presidente Sarkozy con su estilo de gobernar: un espectáculo permanente. Sarkozy maneja bien los medios de comunicaciones y parece adorar el culto a su imagen, además tiene la habilidad de recuperar todos los problemas cotidianos para sus fines políticos tanto los del Estado como los personales. "El Estado soy yo" decía Luis XVI.

Sarkozy prometió de todo durante su campaña presidencial, y ahora empuja a sus ministros a largar propuestas tras propuestas, pero no son propuestas serias, la mayoría es una recuperación de los problemas cotidianos con fines políticos y sus contactos con los países extranjeros lo hace más como Jefe Comercial que como Presidente. Cada viaje ya no se analiza por las relaciones bilaterales políticas sino por los montos en que logró vender mercadería. En un país vendió trenes y aviones, en otro fue la construcción de rutas, un poco de electricidad y telecomunicaciones, y hasta logró vender energía nuclear con sus instalaciones y tecnologías en algunos países de dudosa democracia. Parecería que para el presidente francés los países no son otra cosa que clientes comerciales. El mejor vendedor que tiene Francia se llama Sarkozy y no importa si para eso se hace vista gorda a "pequeños problemas de valores morales" como son los Derechos Humanos.

El pueblo pensaba que se había perdido el poder presidencial, que primero había pasado a la Europa y luego a la globalización. Sarkozy lo que viene de hacer es traer de nuevo el poder a la Francia y darle el lugar mundial que tanto extrañan los franceses, a tal punto que viene de anunciar la instalaciones de una nueva base militar en los Emiratos Arabes Unidos como se hacía hace 50 años atrás cuando el espíritu colonial era muy fuerte. También reivindicó la tradición cristiana de la Europa y dejó boca abierta a todas las otras religiones con sus flujos migratorios. Algunos saltaron sobre los libros de historia para verificar lo que significaba un Estado laico, como lo es Francia.

Los franceses están contentos. Claro, en su proyecto capitalista, eso tiene su precio: el poder adquisitivo desciende, las nuevas reformas laborales dejan de lado toda seguridad de empleo para los trabajadores, se suprimen hospitales regionales y tribunales públicos. Las ayudas del Estado hacia lo social fueron cortadas por la mitad, en el mundo académico los presidentes de universidades deben aprender a vender mejor el conocimiento a las empresas privadas para que les ayuden con el presupuesto académico.

Seguramente el panorama político cambiara de color el 9 de marzo, pero eso no modificara demasiado la situación económica que se avecina en los 4 años de reinado del pequeño napoleón Sarkozy.