EL CLUB DE LA PELEA
Las riñas entre escritores: una tradición literaria

Por LUIS BENITEZ

"Los intelectuales son como los mafiosos: 
sólo te matan si eres uno de ellos"
(Woody Allen)

Desde que se inventó la escritura, tuvieron lugar las riñas entre autores: Por celos, por competencia, por cuestiones privadas traídas al campo de las letras, por mero marketing editorial. 

En América latina hemos sido abundantemente fieles a estas tradiciones. Nuestros escritores no han perdido oportunidad de arrojarse el guante y hasta existen clásicos en la materia. 

En Argentina, por ejemplo, el enfrentamiento entre Jorge Luis Borges y Ernesto Sabato brindó durante años sabrosas referencias. Borges, entrevistado por radio, escuchó pacientemente a un periodista que le informó que en Europa había aparecido un libro de Sabato con una faja que decía: "Un escritor de la altura de Jorge Luis Borges" y replicó inmediatamente: "Caramba, nunca se publicó un libro mío con la leyenda ´Borges, un autor de la estatura de Sabato´". El mismo Borges años antes le había propinado a Federico García Lorca que era "un gitano profesional"…

Una tradición chilena son los denuestos vertidos por Vicente Huidobro y por Pablo de Rokha contra Pablo Neruda. El primero bautizó a Neruda "El bacalao", una expresión que en Chile no es precisamente un elogio, y lo acusó de plagiar a Rabindranath Tagore en su poema "El Jardinero", lo que obligó a la editorial Losada a publicar ese texto con la aclaración de que se trataba de una "paráfrasis" de Tagore. El belicoso padre del creacionismo también aprovechó una entrevista que se publicó en 1938 para subrayar que la obra nerudiana era ""fácil, bobalicona, al alcance de cualquier plumífero. 

La poesía especial para todas las tontas de América". De Rokha, por su lado, no se quedó atrás: combatió a Neruda toda su vida y en un artículo titulado "Pablo Neruda, poeta a la moda", manifestó que "Crepusculario" era el evangelio de la poesía de pacotilla y "Veinte poemas de amor y una canción desesperada" constituía "la biblia típica de la mediocridad versificada". 

Durante el corriente año, el clásico de los clásicos en cuanto a peleas entre escritores latinoamericanos, la escena de pugilato protagonizada por Gabriel García Márquez y Mario Vargas Llosa en febrero de 1976, tuvo una curiosa vuelta de tuerca, con motivo de la publicación de la edición conmemorativa de "Cien años de soledad".

Recordemos que hace más de tres décadas, cuando ambos autores se encontraron en la ciudad de México durante una exhibición privada del largometraje de René Cardona "Los supervivientes de los Andes", el peruano le regaló al colombiano, su antiguo amigo, un puñetazo de antología. La causa, según se comentó, fue entonces la supuesta ingerencia que el matrimonio García Márquez se había atribuido en cuanto a aconsejar a la esposa de Vargas Llosa que se divorciara de éste.

Cuando surgió lo de la edición conmemorativa, muchos se preguntaron si la diplomacia editorial lograría unir una vez más -siquiera en formato libro- a los duelistas que llevaban tanto tiempo agriamente distanciados. Con la publicación de la célebre novela del Premio Nobel colombiano incluyendo un prólogo de Vargas Llosa, se dieron por supuestas las paces… Sin embargo, se confirmó luego que el prólogo en cuestión consistía en simples fragmentos de un ensayo escrito por el peruano en 1971, significativamente titulado "Historia de un deicidio". Otros medios agregaron que Vargas Llosa declaró: "no me opongo a que se publique, pero yo no lo voy a ofrecer", en tanto que García Márquez habría manifestado. "No me opongo a que se publique, pero yo no se lo voy a pedir".

¿Una historia de nunca acabar?