Francia y la flexibilidad de las palabras

Juan Carlos Alarcón

Más allá de los esfuerzos que parecen hacer ciertas academias del idioma para que no se distorsionen tanto las palabras, hay palabras que tienen flexibilidad propia. Es cierto también que el modernismo lleva a la utilización de las palabras agregándoles nuevas interpretaciones y acepciones a su significación gramatical de origen. Esto lo estamos viendo actualmente en Francia con la palabra "negociar". El gobierno del presidente Sarkozy parece haber creado una nueva acepción de lo que significa negociación. 

En términos generales se podría decir, que es la acción de discutir un tema para llegar a un acuerdo y salvar un diferendo entre dos partes. Pero, con los diferentes movimientos sociales que se vienen produciendo en Francia a causa del atropello de las conquistas sociales que buscan ser abolidas de un día para el otro, nacieron huelgas y contestaciones en todos los sectores civiles de la sociedad, y la palabra negociación se popularizó en la boca de todos los actores sociales.

En el sector del transporte público los sindicatos que cuestionan, que les alarguen los años de trabajo para tener la jubilación están dispuestos a negociar. El gobierno dice "negociemos", pero para el gobierno negociemos no pareciera tener el mismo significado. Es decir que "negociemos" quiere significar no hablemos más de huelgas ni de la reforma ni de la cantidad de años, sino discutamos sobre la manera que habría que aplicar lo que ya se decidió.

En el sector universitario el gobierno impuso la ley de autonomía universitaria. Esto producirá universidades para ricos y otras para pobres porque no tendrán suficientes presupuestos para garantizar una buena educación y será necesario salir a buscar el complemento entre las empresas privadas. Los estudiantes manifiestan bloqueando las clases, quieren poder negociar ese tema. Por supuesto, el gobierno está también de acuerdo y llama a la "negociación", pero el tema de la autonomía no se tocará porque es una ley que ya fue aprobada en el mes de julio cuando todo el mundo estaba de vacaciones. Entonces ¿qué es lo que se buscará negociar? Simplemente la manera que pueden llevar adelante las universidades para poder venderse mejor al sector privado.

Los docentes del primario y del secundario dicen: hay muchas clases que no se pueden realizar por falta de personal. El gobierno responde: negociemos, pero con la nueva significación que se le da a la palabra, negociar quiere decir los profesores deberán trabajar un poco más, en doble turno, para que en las clases no falten docentes porque el presupuesto fue cortado. 

En el ámbito judicial se propone una nueva Carta Judicial, que anula todo servicio tribunal de proximidad, y muchas de las ciudades pequeñas se quedaran sin tribunales. Los empleados judiciales, los jueces regionales y muchos abogados se movilizan contestando esa decisión. Por supuesto, el gobierno dice "estamos dispuestos a negociar". Pero la Carta Judicial no se modifica.

Cada semana salta una nueva protesta y el gobierno inunda las informaciones con la palabra "negociemos", pero con el agregado de la nueva acepción a la palabra. Negociar ya no quiere decir discutir de un tema hasta encontrar una nueva solución. Negociar quiere decir, para el gobierno, subordinarse al proyecto liberal que se pretende implantar discutiendo las formas en que este proyecto se debe aplicar.

Es cierto, todo movimiento contestatario o huelga altera el ritmo de la sociedad creando serios inconvenientes económicos y de desarrollo. El proyecto liberal del presidente Sarkozy se aplica al pié de la letra y el mal humor va ganado las calles. Pero, esto parece que no se calmará hasta que no salga la Academia de la lengua francesa a poner orden sobre la significación de la palabra "negociar", salvo que los sabios de la Academia no se hayan también declaro en huelga.