Ser original en épocas de globalización

Agustina Primo

Desde hace un tiempo a esta parte, el tema de la globalización ha sido analizado desde diferentes puntos de vista.

Al principio esta palabra sonaba bien, era una manera de acercarse al mundo. De tener la posibilidad de estar al lado, sin estarlo, de un país lejano y desconocido. Conocer su cultura y compartirla. Rápidamente se accedió a productos importados. Autos, aparatos electrónicos, alimentos, ropas, todo al alcance de la mano. Consumo compartido. El concepto " nacional " fue reemplazado por el de " transnacional ". El mercado y las comunicaciones salieron a reinar el orbe.

Era importante estudiar diferentes idiomas, ser políglota, ya que comenzábamos a compartir el mundo, teníamos que saber comunicarnos. Acentos diferentes, caras nuevas y sobretodo, nombres de empresas repetidos mundialmente. 

No quisiera hacer una apología de la globalización ni mucho menos. Pero en un primer tiempo estos fueron los aspectos visiblemente positivos. No obstante, como dice el conocido dicho, " no todo lo que brilla es oro ". Y las debilidades se encontraron en seguida.

No todos los países participaban de igual manera en esta nueva mundialización. Como sucede la mayoría de las veces, había quienes se llevaban la mejor parte de la torta y los demás se quedaban sólo con los restos.

Sobre esto podría enumerar cientos de ejemplos. Países que no pudieron entrar en esta transformación y analizar el porqué. Pero como hemos mencionado al comienzo, este tema ya esta demasiado masticado.

Sin embargo, lo que me interesa plantear aquí, sobre este proceso, es una cuestión muy particular que aquel que haya viajado por países raros, nuevos y exóticos, lo habrá vivido; mejor dicho, sufrido tal como les voy a enunciar a continuación.

La situación es la siguiente. Viajar miles y miles de kilómetros, encontrar paisajes diferentes a los habituales, estar en contacto con culturas extrañas. Pensar lo increíble que es esto nuevo que se está conociendo. Y a la hora de buscar los imperativos regalos para la familia aparece el dilema. ¿Qué comprar? El tema es ser original. Es condición absoluta, dada la considerable distancia que recorrimos desde nuestro lugar de origen, deseamos encontrar algo raro, diferente, típico de este país que visitamos. 

Comienza la búsqueda, he aquí el problema. Todo lo conocemos y nos resulta familiar. Son figuras repetidas. Si, es increíble, cada pequeño souvenir lo encontramos a la vuelta de la esquina. Con esto quiero decir, se vende en las tiendas de nuestro barrio, en nuestra misma ciudad, donde vivimos.

No hay nada que sea nuevo a nuestros ojos. Todo ya ha sido importado, lo hemos visto antes, es más, lo tenemos de adorno en nuestra sala.

Ahora la pregunta es ¿No hay nada que sea típico de cada país, imposible de reproducir ni de encontrar fuera?... No, simplemente no. Estamos globalizados. Hay ciertas cosas que se ganan y otras que se pierden, comenzando por la identidad.