| Ser original en épocas de globalización |
|
Agustina Primo |
|
Desde hace un tiempo a esta parte, el tema de la globalización ha sido analizado desde diferentes puntos de vista.
Era importante estudiar diferentes idiomas, ser políglota, ya que comenzábamos a compartir el mundo, teníamos que saber comunicarnos. Acentos diferentes, caras nuevas y sobretodo, nombres de empresas repetidos mundialmente. No quisiera hacer una apología de la globalización ni mucho menos. Pero en un primer tiempo estos fueron los aspectos visiblemente positivos. No obstante, como dice el conocido dicho, " no todo lo que brilla es oro ". Y las debilidades se encontraron en seguida.
Sobre esto podría enumerar cientos de ejemplos. Países que no pudieron entrar en esta transformación y analizar el porqué. Pero como hemos mencionado al comienzo, este tema ya esta demasiado masticado. Sin embargo, lo que me interesa plantear aquí, sobre este proceso, es una cuestión muy particular que aquel que haya viajado por países raros, nuevos y exóticos, lo habrá vivido; mejor dicho, sufrido tal como les voy a enunciar a continuación.
Comienza la búsqueda, he aquí el problema. Todo lo conocemos y nos resulta familiar. Son figuras repetidas. Si, es increíble, cada pequeño souvenir lo encontramos a la vuelta de la esquina. Con esto quiero decir, se vende en las tiendas de nuestro barrio, en nuestra misma ciudad, donde vivimos. No hay nada que sea nuevo a nuestros ojos. Todo ya ha sido importado, lo hemos visto antes, es más, lo tenemos de adorno en nuestra sala. Ahora la pregunta es ¿No hay nada que sea típico de cada país, imposible de reproducir ni de encontrar fuera?... No, simplemente no. Estamos globalizados. Hay ciertas cosas que se ganan y otras que se pierden, comenzando por la identidad. |