| La noche que el diablo lloró | |
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Didi Cazeres |
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Sus pasos retumbaban como rocas cayendo de un desfiladero por el pasillo del hospital. Es grande, fuerte e imponente. Sus pasos hablan de él mejor que mil palabras. Esos pasos fueron, en otros tiempos, el terror de quienes los escuchan. Hoy es otra la realidad. Las cosas cambiaron y mucho, sólo el sonido de sus pasos guardan la memoria de lo que fue. ¿y qué es lo que ha sido? Ha sido el dueño del destino de muchos, el hacedor de la vida o de la muerte, sobre todo de la muerte. Esos pasos que cortan como tijeras el silencio siguen generando en quienes los escuchan el mismo escalofrío que producían largas décadas atrás. El hospital está vacío y es por eso que esos pasos se vuelven impúdicamente estridentes. |
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| Flota en el aire una desazón que congela el transcurrir de los minutos, de los segundos. Es como si el tiempo se detuviese, es como si esos pasos trascendieran los límites de la dimensión espacio-tiempo, es como si todo estuviese pasando ahora, como si en este instante el pasado y el presente se entrecruzan, se fusionan, se aúnan. El hospital se vuelve entonces: cárcel, cueva, cuartel, calle. | |
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¿Puede acaso la crueldad quedar simbolizada en el sonido de unas pisadas? La palabra "crueldad" es un término que poco explica lo que representan esos pasos. ¡Qué el símbolo sea ese hueco sonido y no una simple palabra! Poco pueden hacer las palabras para describir vivencias que superan la imaginación. |
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Siguen sonando esos pasos sobre la gélida superficie pulida. Como taladros perforan y desquebrajan otras superficies, las permeables superficies de nuestra memoria. ¡Que interminable resulta la obscena caminata del nefasto personaje que corrompe con su presencia toda la atmósfera que respiramos! Un tropel de sensaciones recorre nuestros cuerpos volviéndose insoportable y perturbador, sin embargo seguimos aquí siendo testigos mudos de esta circunstancia. Petrificados, ensombrecidos, detenidos en el ingrávido flotar de lo inesperado. ¿Puede acaso un pasillo de hospital ser tan infinitamente largo?
De pronto los pasos se detienen y un silencio ensordecedor se apodera de todo. Nuestro estremecimiento no tiene límite. Rompiendo la piedra, desde alguna humanidad que nos es imposible imaginar, brotan gotas de los ojos de la bestia de los pasos de hielo. Ruedan con sonidos que, aunque inaudibles, se nos representan insoportables y grotescos. Ruedan hasta caer al brilloso piso hospitalario quebrando en su caída los falsos empeños de los masacradotes de la vida. Esa noche, frente a nosotros, el diablo lloró. |
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