| CELCIT: ¿Qué está sucediendo con el teatro independiente en América Latina? | |
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Juan Carlos Alarcón |
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| Desde las expresiones religiosas del teatro precolombino hasta el presente ya ha pasado mucha agua. Se vieron fuertes influencias teóricas como la de Bertold Brecht, y aportes que dejaron su marca de gente como el colombiano Enrique Buenaventura con el Teatro Experimental de Cali (TEC), el brasileño Augusto Boal que propuso su Teatro del Oprimido, el chileno Pedro de la Barra empujando la escena teatral hacia todo el continente; también hubo grupos como Rajatablas de Venezuela y La Candelaria de Colombia que inscribieron al teatro como un instrumento de discusión de la realidad social, en Uruguay el Galpón con su detallismo del actor y hasta en Cuba se vio el grupo de Teatro Escambray. | |
| Desde hace mucho tiempo los vaticinadores del futuro pregonaron la muerte del teatro a causa de la televisión y ahora de Internet. Pero el teatro continúa vivo, sigue resistiendo, moldeándose en nuevas formas estéticas y culturales, sobreviviendo a los ímpetus del neoliberalismo que busca hacer otras fuentes económicas de beneficios con los productos culturales. |
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América Latina resiste y renace a cada instante de sus propias cenizas como el ave Fénix.
América Latina es uno de los continentes con mayor pluralidad y diversidad, es una encrucijada donde su cruzan todas las culturales y dónde se dan la mano corrientes latinas, musulmanas, judías con los vestigios de las tradiciones de pueblos autóctonos y la riqueza que aportaron los africanos y asiáticos. El teatro latinoamericano se nutrió siempre de esta complejidad y adquirió su fuerza expresiva y contestataria desde los circuitos paralelos a las grandes industrias comerciales de la cultura que pretenden absorber todo. |
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Cuando, por primera vez en la historia, en México se reunieron en 1991 todos los Jefes de Estado y de gobiernos de las naciones de habla española y portuguesa de los dos continentes, reconocieron la existencia de una comunidad de naciones unidas por lazos culturales, por un pasado semejante, sentimientos y lenguas comunes, y por proyectos compartidos, al mismo tiempo, se estaba reconociendo una identidad iberoamericana. |
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Pero eso que los Estados descubrían en el 1991, el teatro lo venía haciendo desde mucho antes.
En el 1975 en Venezuela se creaba el Celcit como una asociación civil sin fines de lucro, abarcativo del teatro independiente iberoamericano. 32 años más tarde, el Celcit se transformó en la casa de todos aquellos que están ligados, de una manera u otra, a la actividad teatral de Latinoamérica, de España y Portugal. El Celcit, con su comité ejecutivo internacional compuesto por la venezolana María Teresa Castillo, como presidenta; el español Luís Molina López, como director general; y Juan Carlos Gené, director adjunto, espoleados por directores de todo el continente como los son Orlando Rodríguez, Carlos Ianni, Elena Schaposnik, Héctor Rodríguez Manrique, y los delegados especiales Verónica Oddó, Concha de la Casa y Francisco Garzón Céspedes crearon la trinchera más importante del movimiento teatral independiente. Hoy continua a mantener una |
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| actividad permanente y una fuertemente dinámica dentro de la cultura, que la apoyan con publicaciones gratuitas como "Teatro/CELCIT ", "Dramática Latinoamericana ", y "Teatro: Teoría y práctica ", o con su banco de autores, actores y técnicos, o con su Foro de intercambios de experiencia, de diálogos y hasta de debates apasionados donde participan 4000 teatristas. Su sitio www.celcit.org.ar es consultado por 10 000 visitantes mensuales. Por esto no podían dejar de alarmar a la comunidad teatral de América Latina, de España y de Portugal cuando, de repente, por engranajes solamente económicos corre el peligro de dejar de funcionar, al menos con la misma eficacia que lo venia haciendo. |
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Encontrar una nueva sede se volvió un problema de Estado para el gobierno argentino cuando llegaron las denuncias de la gente de teatro de Argentina, Alemania, Australia, Austria, Bélgica, Bolivia, Brasil, Canadá, Chile, Colombia, Congo, Costa Rica, Cuba, Dinamarca, Ecuador, El Salvador, España, Estados Unidos, Francia, Guatemala, Honduras, Hungría, Inglaterra, Israel, Italia, México, Nicaragua, Panamá, Paraguay, Perú, Portugal, Puerto Rico, República Dominicana, Suecia, Suiza, Uruguay y Venezuela.
Hay que recordar que el Celcit ya había sido distinguido por la Secretaría de Cultura de la Nación Argentina, el Ministerio de Cultura de España y recientemente fue declarado de Interés Cultural por la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires. Encontrar una solución al Centro Latinoamericano de Creación e Investigación Teatral no es solamente una cuestión económica en las manos de la oferta y la demanda, sino es también un problema político cultural de la identidad teatral iberoamericana. |
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