La izquierda y la ciudad autónoma de Buenos Aires

Susana Roitman

El domingo 24 de junio sucedió lo anunciado por las encuestas: Macri derrotó a Filmus en el ballotage por la intendencia de la ciudad de Buenos Aires por más de 20 puntos.

Apenas conocidos los resultados de la primera vuelta, tres semanas antes cuando el 45% de votos macristas fue sopresivo, la izquierda porteña empezó a debatir posiciones frente a la segunda vuelta.

Sin espacios para opinar en los medios masivos, centenares de porteños de esa amplia, ambigua y fragmentada izquierda argentina hicieron catarsis vía mails y tejieron una red sociotecnológica donde circulaban centenares de textos sobre el asunto: dolientes, largos y persuasivos. 

Las posturas del difuso abanico que va desde la izquierda dogmática al "progresismo" con tintes rojizos fueron dos. 

a) Apoyar a Filmus. Argumentos: Sabemos que Kirchner es "a Dios rogando y con el mazo dando", que la carita del "yo no fui" de Filmus oculta veleidades y descompromiso. Pero Macri, muchachas y muchachos.... es Menem o peor. No se trata, como en otras ocasiones, de un empleado de los grupos económicos que se robaron el país, sino el dueño mismo de uno de los más poderosos de tales grupos. El lobo con un disfraz de cordero que no alcanza a ocultarle los colmillos.. Es la cabecera de playa para que los grupos-económicos-concentrados-que-se adueñaron-del-país se legitimen con el voto, por primera vez en la historia argentina del siglo XX y XXI , sin usar a otros (militares, desarrollistas o peronistas) . Ante la opción, el apoyo a Filmus - a regañadientes en el cuarto oscuro y con el té digestivo preparado para pasar el mal trago apareció como el mal menor. El borgiano "no nos une el amor, sino el espanto" cayó como anillo al dedo para los filmusistas de última hora. 

b) Votar en blanco, impugnar el voto o abstenerse. Argumentos: No resignarse a que se impongan opciones. Las diferencias son de matices. El modelo sigue intacto. En última instancia , que se desnude cual es el sentido común de los porteños, expresión soberbia del medio pelo argentino. Dijeron "libros sí, alpargatas no" , festejaron la Libertadora, tiraron papelitos en el mundial del ´78, se prendieron al tren menemista, blandieron cacerolas en el 2001, rugieron con el "que se vayan todos" y hoy le ponen el voto a Mauricio que es Macri. 

Veleidosos, desmemoriados, egoístas, los porteños, como toda la "clase" media argentina. ¡Qué se jodan! Tendrán (se abstienen de incluirse en el nosotros) el intendente que se merecen. Por otra parte ¿qué perspectiva transformadora es Filmus? Intelectual "progre", actual ministro de educación, fue uno de los mentores de la Ley Federal de Educación de los ´90. Con el discurso posmoderno de la explosión de las diferencias y la "construcción del sí mismo" como sustrato teórico, la ley arrasó con la educación pública porque pecaba de homogeneizadora. Ya como ministro K, no mostró interés alguno en detener las secuelas que la norma estimuló: la mercantilización y polarización de la educación en todos los niveles. Resultó poco creíble enfatizando el enfrentamiento del modelo noventista con uno popular e incluyente. 

La sobreabundancia de opiniones, muchas más nutridas por cierto que las discusiones sobre las minas de la cordillera de los Andes o el tenor de los contratos petroleros, deja una cosa clara. El Estado no resulta indiferente a la izquierda. La "sociedad paralela", los antipoderes, contrapoderes, micropoderes, son discusiones interesantes, pero la "hora de las urnas".nos recuerda que el Leviatán es un factum y no se sabe como abordarlo. 

No se puede "tomar", ni ignorar, ni eludir. Y encima no es una cosa. Es relación. Los que teorizan sobre que al fin de cuentas "el estado es un espacio de conflicto" y celebran las fisuras por donde colar las reivindicaciones de la memoria, se dan de narices con que la distribución del ingreso hoy es la peor de la historia argentina. Que con crecimiento a tasas chinas, la miseria no para y la precarización no da tregua. Y tanto más.

En verdad la pregunta por el ¿Qué hacer? parece cobrar más vigencia que nunca, aunque sea palmariamente clara la imposibilidad de asaltar el Palacio de Invierno. Ni siquiera nos ha sido dado el don de la astucia para contagiar a la Historia. Ella la recoge de fuentes más rizomáticas y soterradas y nos deja boquiabiertos. Mal que les pese a muchos, Buenos Aires queda en la misma región del planeta que Macondo.