¿Cuándo los pobres son pobres y los ricos, ricos?

Juan Carlos Alarcón

¿Cómo sabemos cuando somos pobres o ricos?... La lógica diría, que es cuando los ingresos que entran a nuestra casa son insuficientes para vivir dignamente. Por ejemplo, cuando el dinero no alcanza para pagar el alquiler, la luz y una alimentación correcta, o cuando no podemos tener una buena salud ni el acceso a una educación igualitaria al resto de la sociedad; allí decimos que somos pobres. Es decir, si no entra suficiente dinero para vivir correctamente decimos que somos pobres y, si lo que entra es poco o casi nada, somos miserables. Sin embargo, parece que no es así, la referencia de quien es pobre y quien es rico la da el Banco Mundial con sus informes anuales. El BM clasifica a los países en función del PBN por habitante, que es el valor en dólar de los Bienes y Servicios finales producidos durante el año y, luego, dividido por la cantidad de habitantes. Esta clasificación presenta 3 categorías: 

1°) Los países de alto ingreso y que tienen una entrada anual superior a los 9 381 dólares. 2°) Los países intermediarios, con una entrada media por habitante entre 761 y 9 380 dólares, y. 3°) Los países de escasos ingresos con menos de 760 dólares por habitante y por año.

Visto de esta manera, en la 3° categoría de países pobres, el 60 % pertenecen a Asia y África. También sabemos que, en los países ricos, el agricultor representa apenas un 6 % de la población, en tanto que cerca del 60 % de los agricultores viven en los países menos favorecidos.

Con estas cifras nos encontramos que, en el planeta hay más de 1 millar 200 millones de personas que viven con menos de 1 dólar por día para subsistir, según el propio BM.

Hoy en día se habla bastante del subdesarrollo, de países en vía de desarrollo que simpáticamente llaman países emergente y de países desarrollados. Esto también dio la categorización de 3° y 1° Mundo. Esta clasificación no es para nada anodina. 

Todo empezó cuando el 20 de enero de 1949, el presidente americano Harry Truman hizo referencia, por primera vez, al subdesarrollo. En realidad, lo que él hacía era imponer un modelo de sociedad industrial occidental como referencia universal. La noción de "subdesarrollo" implicaba una jerarquía sobre la idea de que todos los Estados tienen necesariamente el crecimiento económico y la industrialización como principal objetivo. Todos debían seguir el ejemplo de Inglaterra en su evolución del siglo 18 y 19. 

Esta idea suponía aplicar las mismas políticas liberales, favoreciendo la inversión privada y el comercio exterior. De esta manera se impuso una economía de mercado, que es empujada por las instituciones internacionales (OMC, FMI, BM, G-8) y que obligan a los países en desarrollo activar programas liberales llamados de "ajustamiento estructural". Pero, en realidad, lo que se busca, es dar prioridad absoluta a la inversión capitalista, que supone grandes inyecciones de capital exterior provenientes, por supuesto, de los países desarrollados. 

Desde entonces, el capital exterior llega sobre las formas de "ayuda pública", bilaterales o multilaterales, para las infraestructuras nacionales. Los capitales privados son para el aparato productivo. 

Truman no fue tonto en su política imperialista. Con la política del subdesarrollo, nos encontramos que "el bien estar" de un pueblo pasa por sus relaciones diplomáticas de sumisión y por la instalación de multinacionales en el mercado local, ganando todos los espacios de los países subdesarrollados. Latino América no es una excepción.

La visión económica y social que se tiene en América Latina de sí misma no es la misma que tienen los países desarrollados. Los diferentes observatorios internacionales poseen la creencia que en América Latina la pobreza y las crisis locales son especie de enfermedades contagiosas. Por ejemplo, después de la crisis Mexicana de la década del 90 y la devaluación de su peso en el 94, que produjo un retiro masivo de los capitales internacionales invertidos y la caída brusca de las reservas nacionales del cambio, para los teóricos del primer mundo fue que México pudo, sobre todo, salir adelante evitando el "défaut" de pagos, gracias a la ayuda que le diera EEUU y el FMI. 

Las crisis que se produjeron luego, en otros países del continente, fueron "extensiones" como debido a sus tasas de cambio. Le CEPII (Centro de Estudios Prospectivos y de Información Internacionales) las consideraron como "efectos de zona" a causa de una débil taza de ahorro nacional y de la fuerte dependencia de América Latina a los aportes exteriores. Pero, en ningún momento, se hizo referencia a las políticas liberales que ellos mismos empujaron y empujan desde el exterior. Tampoco lo hacen con la obligación que imponen del "ajuste estructural", ni hacen referencia a las desigualdades entre la inversión exterior y los beneficios expatriados con que se beneficiaron, y con lo aumentaron el empobrecimiento del continente. 
Para los países del 1° mundo modernizar la economía es aplicar rigor presupuestario, disminuciones de salarios, sumisión a los organismos internacionales crediticios que sugieren políticas monetaristas y la privatización liberal de los medios de producción. Según el CEPII, el periodo glorioso argentino fue el de los años 90... En la página 34 de su publicación, dicen textualmente: "Ese plan de austeridad obtuvo la adhesión del pueblo, muy atado a la estabilidad de los precios después de muchos años de super inflación. Carlos Menen fue reelegido a la presidencia y las grandes empresas nacionales suscribieron un acuerdo solidario de un prestamos de 1 millar de dólares". 
Pero lo que no dicen es ¿cuál fue el precio social que pagaba el pueblo argentino por esa política neoliberal? Eso no lo dicen; en realidad eso no les interesa. A los países dominantes no les importa si hay una fractura social que se acentúa cada vez más o si se estaba privatizando todo. 

Hoy en día, hay una corriente socializante en todo el continente, que trata de poner coto a las teorías neoliberales.

Seguramente tendrían que estar preocupados, tal vez inquietos. Pero como ellos concentraron siempre en sus propias manos los avances tecnológicos, el derecho a las patentes de invenciones y, además, absorben con sus cantos de sirenas a nuestros científicos, los beneficios que todavía nos pueden usufructuar siguen agrandándose. Cuando algún curioso les pregunta ¿a cuánto representan los montos repatriados en los últimos años, con respecto a sus inversiones? Los líderes del capitalismo miran para los costados y ponen una cara de inocencia que haría envidiar a los propios ángeles de Alonso Cano.