El problema de la vivienda se agrava insólitamente en sitios específicos de América latina, gracias a la combinación de la demora burocrática con leyes que transfieren automáticamente al Estado la propiedad de los descubrimientos paleontológicos.
Hace cuatro años que el obrero mexicano Darío Espinoza Campos, de El Salto, México, denunció ante las autoridades locales el hallazgo de la osamenta de un mamut en un terreno propiedad de su hija.
Espinoza Campos, de 49 años de edad, recibió por respuesta que debía radicar su denuncia en otra oficina: la del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), sita en Guadalajara, la capital del estado de Jalisco, a 20 kilómetros de El Salto. Hasta allí se trasladó el denunciante, padre de 6 hijos y cuya esposa está sometida a tratamiento crónico por padecer de una diabetes severa.
Siempre según declaraciones de Espinoza Campos, las autoridades del INAH demoraron 4 años en acudir a confirmar la veracidad de su hallazgo. Cuando lo hicieron, comprobaron que los restos corresponden a un ejemplar de Mammuthus colombi, que abundaba hace 15.000 años en toda la cuenca azteca. La legislación vigente señala expresamente que los bienes nacionales no son enajenables ni transferibles, situación que implica al descubrimiento de Espinoza Campos, ahora propiedad del Gobierno. Debido a la ocupación del terreno donde yace el mamut por parte de los expertos del INAH -una situación que lleva ya varios meses- el obrero mexicano se vio impedido de continuar fabricando ladrillos en el predio, único medio de subsistencia de su familia. El damnificado manifestó que como única compensación por el perjuicio señalado la entidad oficial le ofreció la suma de mil pesos -equivalente a 100 dólares- semanales, pero a condición de que trabajara para ellos.
Pende sobre el humilde trabajador otra amenaza, representada por la posibilidad de que se decida expropiar el predio, facultad gubernamental avalada por la legislación que rige el caso. Asimismo, el INAH no estaría proporcionándole al damnificado seguridades respecto de hacerse cargo de dejarle el terreno en condiciones para continuar con su pequeña industria casera, una vez que los prolongados trabajos -iniciados tras cuatro años de demora administrativa- concluyan con el retiro de los restos. La remoción de terreno necesaria para efectuar esta tarea sería de tal magnitud, que la propiedad resultaría posteriormente inhabitable para los Espinoza Campos.
Por lo pronto, la empresa telefónica les retiró el servicio al no poder el padre de familia abonar la cuenta pendiente, que suma casi mil pesos, mientras se agotan los recursos para atender las necesidades de la esposa enferma y su hijos.
La otra cara de este asunto es que, bajo diferentes legislaciones, los que descubren restos fósiles en terrenos de su propiedad están habilitados para disponer de ellos como otro bien más. Ello da lugar a un intenso tráfico internacional, con cifras de comercialización que ya son significativas. Como ejemplo, en abril último la sucursal parisina de la casa Christie´s subastó un esqueleto de mamut, similar al hallado por el obrero mexicano, en algo más de 420.000 dólares, como parte de un lote que incluyó además la exitosa venta de una osamenta de rinoceronte lanudo, cuyo propietario se embolsó 162.000 de la misma moneda. Más de un millón y medio de dólares fue la recaudación de Christie´s París, en un solo día y por la entera oferta de restos fósiles.
Las adquisiciones principales de este curioso lote en subasta fueron realizadas por coleccionistas privados, que seguramente y muy gustosos hubieran pagado lo suyo a los Espinoza Campos por el Mammuthus colombi, que tantos dolores de cabeza proporciona al atribulado operario. Un hombre que por su cuenta y riesgo cumplió con su deber de denunciar el hallazgo, como marca la ley, sin pensar en que así pondría en riesgo su techo y el de su familia. La cara y la ceca de dos mundos diferentes.
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