| Entre lo que se dice y lo que se hace |
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Hugo Busso |
Teniendo en cuenta comentarios, preguntas y debates surgidos por el artículo Hablemos sobre euro centrismo, aparecido en el número 1 de Café Latino y La descolonización del pensamiento, en Rancho Aparte n° 2, hago pequeñas reseñas que me han pedido lectores interesados acerca de la actualidad, la delimitación conceptual y la historia del debate de esta problemática.
¿Tiene actualidad esta discusión?, o ¿es un resabio anticolonialista? En los siglos precedentes podemos considerar conceptualmente el europeismo y el euro centrismo como casi idénticos. Sin embargo, en el presente es Estados Unidos el depositario actual de estos valores de superioridad bélica, siendo centrales para el actual sistema mundo hegemónico. En tanto que una versión particularizada de etnocentrismo, el euro centrismo es actualmente de carácter mundial. Esto es, precisamente, una verdadera particularidad de la expansión del capitalismo moderno euro céntrico, respecto a otras experiencias históricas imperiales. En Francia, estructura el debate intelectual y social: los problemas abordados en las últimas elecciones ligados a la identidad nacional; así también en la discusión reciente sobre los "aspectos positivos de la colonización", la quema de miles de autos en los barrios con mayores dificultades y el no a la constitución liberal, entre otros debates, pueden ser abordados filosóficamente como una crítica al euro centrismo.
1) La invención de hacer universal y otorgar un carácter global, válido siempre y en todo lugar a valores y cosmovisiones que están fijados en el tiempo y en el espacio. Esta deformación se transforma en acción legitimadora de la ideología de la dominación. Lo que proponía Marx en el siglo XIX: los intereses particulares de la burguesía los presenta como universales, o al decir de Nietzsche, como intención y voluntad de poder y dominio. 2) Los valores y cosmovisiones son los propios, considerados centrales y conscientemente mejores superiores y más adecuados. No solo en los discursos coloniales de la Europa católica y protestante, también es evidente en la filosofía -Kant, Hegel, Marx- acerca de la identidad europea y su exterioridad. La expansión militar y la mundialización económica de esta forma particular de etnocentrismo, después de las conquistas coloniales, se refleja en los discursos y justificaciones de grupos, instituciones y campos disciplinarios del conocimiento. Pareciera ser que no hay afuera de la historia europea y de la historia del capital, todo es mediado por estas dos ideas en las instituciones de saber y poder occidentales. La visión bíblica y moderna progresiva lineal del tiempo, parece enmarcar una perspectiva filosófica particular. 3) Pretende imponerse, sin justificación alguna: estos son mis valores ¡los mejores! Una suerte de menosprecio y negación del Otro, un cierre epistémico en una totalidad capitalista unidimensional. Se autolegitima en el despojo y la violencia del saber hacer y transformar, que ya no resiste ni puede justificar su propia soberbia axiomática, que margina y niega lo diferente. Paradójica e históricamente, mestizaje racial e hibridación cultural son centrales en la construcción histórica identitaria de los países del capitalismo central (Grupo de los 8), beneficiarios principales de la actual mundialización económica y responsables de la mayor polución ambiental y radioactiva planetaria. El sueño de unidad universal de la propia cultura hace del eurocentrismo ya ramificado en todos los continentes, un provincialismo epistémico algo peligroso a escala planetaria, por sus consecuencias socio ambientales y culturales. Acerca de la historia de la problemática, particularmente en América Latina. Haciendo una breve genealogía del debate, se considera históricamente que hay periodos y antecedentes críticos al euro centrismo, en los comienzos de la conquista europea de América. En un principio, personalizados en Antón de Montecinos, Bartolomé de Las Casas y Francisco de Vitoria desde posiciones antiesclavistas no violentas. Luego, en el siglo XIX hay antecedentes de un discurso anti-español como en Esteban Echeverría, Montalvo y Bello. Para ellos la liberación política de España debía completarse con la liberación mental y aproximarse a copiar el modelo político de Francia, Inglaterra y Estados Unidos.
Como cuarta etapa de esta periodización, una corriente de la primera mitad del siglo XX, inspirada en Martí e influenciada por el arribo de las ideas libertarias europeas, van generando una reacción cultural y política, como es el caso de Rodó, Vasconcelos, Mariátegui, Romero, entre otros. Despliegan críticamente un reproche al positivismo filosófico con tendencias imitativas al modelo político epistémico republicano y industrialista-desarrollista de Estados Unidos y Europa. Después de la segunda guerra mundial hasta finales de la década del ochenta, se generan tres corrientes de peso en la opinión política y pública, que aglomeran y sostiene novedosamente la tradición europea progresista-moderna y cristiana. Estas tres perspectivas, la Teoría de la dependencia (Faletto, Cardozo, Dos Santos), la Teología de la liberación (Boff, Gutiérrez) y la Filosofía de la liberación (Dussel, Casalla, Ardiles), delinearon programas de investigación académica interdisciplinar en América Latina e influyeron en alguna medida en los países no alineados de la época. Por último, Fornet Betancourt, un cubano radicado en Alemania, propone un desplazamiento de la filosofía de la liberación hacia una filosofía intercultural con un programa de desmarque del euro centrismo, aceptándole a este último en tanto discurso particular entre otros, dentro de la polifonía cultural y no universal-central. Si bien esta perspectiva ideal esta lejos de llegar a su concreción, es un principio regulador ínterdiscursivo de anular las pretensiones de centralidad epistémica y política, aún si es sostenido bélicamente. Paralelamente, Walter Mignolo y Ramón Grosfoguel, desde una crítica más radicalizada y ecléctica en el marco ampliado de un debate político y académico postcolonial, sostienen una posición que trata de desarticular los restos y resabios coloniales en la geopolítica de conocimiento. Focalizando sobre la diversidad epistémica y política, abordan el pensamiento de los bordes de las pretensiones centralistas y hegemonistas del sistema de dominación. Pretensiones metamorfoseadas pero aun geopolíticamente centradas, localizadas y situadas en menos de un 20 % de la población mundial, que usufructúa mayoritariamente de los bienes tangibles e intangibles, públicos y colectivos. |