| Presidenciales en Guatemala |
| La suerte indígena con Rigoberta Menchú |
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Fatma Oussaifi |
El 10 de diciembre de 1992, la alta comisión sueca fundada por Alfred Nóbel concedió su gran recompensa por la paz a la guatemalteca Rigoberta Menchú por su lucha a favor de la defensa de los derechos humanos, particularmente los derechos de las minorías indígenas.
La que, a los 33 años, se convirtió en la más joven tenedora del premio Nóbel y no terminó todavía con su carrera política, más aún, la selló este mismo año 2007. Además de pedir justicia denunciando en 1999 ante las altas instancias judiciales españolas, apelando a su competencia jurídica universal, los crímenes cometidos por el antiguo dictador guatemalteco Efraín Ríos Montt, se esta hoy abriendo un camino en la política de su país proclamándose candidata para las elecciones presidenciales del próximo 9 de septiembre. En Guatemala se estima que entre el 40 y el 60% de la población es indígena procedente de diferentes sub-etnias mayas. Rigoberta Menchú se convirtió en portavoz de las poblaciones mayas de Guatemala desde que emprendió su lucha por la igualdad de los derechos y contra la discriminación racial de los indígenas, y representa a través de su candidatura a la presidencia de su país el acceso indígena a la alta administración nacional, un acceso que les era históricamente prohibido. Ella que reitera muy seguido que, en la historia de Guatemala, los indígenas habían ejercido su derecho de voto pero no él de hacerse elegir, lleva hoy la esperanza de los 3 millones de indígenas guatemaltecos.
Su partido EG " Encuentro por Guatemala " nació desde su movimiento llamado Winaq que en quiché significa "integridad del ser humano" y se autoproclamó movimiento para la integridad de todos los guatemaltecos sin discriminación de origen, de sexo, de color de la piel o de las especificidades lingüísticas. Menchú declaró, que lo suyo no era un partido "exclusivamente indígena, sino una expresión multicultural y plurilingüística". Y, en un comunicado a la agencia Prensa Latina, dijo "sueño con una Guatemala para todos, donde ni el idioma, ni el traje ni el rango social sea un motivo de excusión (...) quisiera ver todo el pueblo participar en una nueva era en este país", un país dónde de hecho, se cometió toda una serie de atrocidades oponiendo los guerrilleros rebeldes al ejercito regular, que no ahorró las poblaciones civiles y entre ellas a los pueblos mayas. Eso ocurrió sobre todo durante los gobiernos autoritarios que se extendieron desde Carlos Arana hasta Ríos Montt. 36 años de conflicto bélico del cual fue victima el propio padre de Rigoberta Menchú. La premio Nóbel junta dentro de su lucha, y en el marco de una simbólica inherente a la propia persona, reivindicaciones a la vez femenina, profundamente indígenas y sociales y extremamente opuestas al modelo neoliberal. Ella benefició del apoyo del líder del MAS boliviano Evo Morales, primer dirigente latinoamericano en concretizar en su propia persona la participación política de la poblaciones indígenas.
Muchos detractores internos y externos se ponen a través del camino de Rigoberta Menchú quien cosechó las animosidades de muchos sectores sociales. En primer lugar, los conservadores y la oligarquía, principales beneficiarios de la expropiación de las tierras ancestrales de las poblaciones mayas; segundo, los sectores militares que Rigoberta Menchú denunció masivamente ante la justicia a la hora de obrar por un juicio contra el general Ríos Montt. Esto sin olvidar la administración republicana de G.W. Bush, que según el diario cubano Granma, se puso a la defensiva ya que mira con recelo la perpetuación de los movimientos socializante y antiliberales que crecen en el subcontinente , y todavía aprecia menos la eventual proclamación de un segundo presidente indígena en menos de dos años. En un clima nacional general donde prevalece una fuerte tensión debida a la ola de violencia política que tuvo lugar en el 2006, donde muchos asesinatos de dirigentes habían ensangrentado a más de un partido marcando violentamente la escena política y donde los partidos políticos se preocupan más por convencer a los fuertes sectores económicos que los financian que a los propios electores, la batalla emprendida por Rigoberta Menchú parece perdida de antemano. Se trata respectivamente de crímenes relacionados sobre todo con el narcotráfico y con las luchas partidarias internas y de fondos que, como es sabido, podrían tener serias influencias sobre los esquemas políticos por venir en Guatemala. Si a todo esto se suma que hay 38% del electorado indeciso y que 5% del mismo se declaró decidido a no presenciar el escrutinio del próximo 9 de septiembre, y ello según un sondeo sobre las intenciones del voto de las presidenciales guatemaltecas publicado el 25 de julio pasado por la ABN (Agencia Bolivariana de Noticias), la suerte indígena en manos de Rigoberta Menchú puede ser remitido a más tarde.
En una mezcla de partidos y divisiones, EG de Rigoberta Menchú, sólo llegaría al quinto lugar con, según las previsiones, solamente el 2,42% de los votos. Un resultado muy poco prometedor en comparación con las aspiraciones y programas de la premio Nóbel. |