Elecciones en Guatemala

Juan Carlos Alarcón

Ubicado en Centroamérica, Guatemala es un pequeño país 5 veces más chico que Francia o España, y 15 veces más pequeño que la Argentina. Sin embargo es un país con una historia rica que proviene desde la antigua civilización Maya. Guatemala tiene una geografía de zona montañosa, unos 30 volcanes y playas que harían envidiar los centros turísticos del mundo entero. Pero, pese a la marcada identidad y belleza natural, el país no se ha caracterizado por su cohesión, por su seguridad ni por su prosperidad. Guatemala tiene una historia cargada de violencia que mantiene actualidad, con asesinatos de presidentes, golpes militares, creación de guerrillas y sobre todo muchas exacciones, torturas y masacres de civiles, particularmente la de los indígenas. 

Desde 1960 a 1996, el país conoció una verdadera guerra civil que provocó aproximadamente 200.000 muertes de civiles, en su mayoría indígenas desarmados; porque aún cuando los guerrilleros izquierdistas y las brigadas de muerte derechistas también produjeron masacres, desapariciones forzadas, y torturas de no combatientes, la mayoría de las violaciones de derechos humanos fueron realizada por los militares guatemaltecos. Se estima que más del 80% de estos horrores los causaron los propios gobiernos o sus aliados.

Recién en diciembre de 1996 fue que lograron firmar los "Acuerdos de Paz" terminando un conflicto de 36 años. Desde entonces, la democracia trata, bien que mal, de salir adelante. 

El próximo 9 de septiembre en Guatemala hay elecciones. 13 millones de habitantes deberán elegir a su nuevo presidente entre 14 candidatos ya declarados. Se podría decir que es una de las tantas elecciones que se abre en la perspectiva de América, pero Guatemala tiene dos particularidades bien marcadas: una: es uno de los países que mayor defiende su arraigo a la tierra y a sus tradiciones ancestrales y está compuesto por un 60 % de población indígena, un 36 % de mestizos y solamente un 4% de blancos. La otra: que el imaginario que se pueda tener de un país progresista y más libre ya ha sido dinamitado por la realidad. Los atentados y enfrentamientos entre traficantes de drogas y las pandillas urbanas denominadas "maras" han ganado la vida cotidiana sembrando de sangre sus calles. Guatemala se presenta a las elecciones democráticas dentro de un clima de violencia y agresividad, donde la pobreza ha ganado el terreno en el 56,2 % de su población, de los cuales el 60 % se encuentra en una extrema pobreza.

El gobierno actual, presidido por el conservado Oscar Berger Perdomo, ya ha sido muy cuestionado por su ineficacia contra la delincuencia organizada, los "maras", la consolidación del narcotráfico (enraizada durante el gobierno anterior de Alfonso Portillo) y la fuerte migración de su población acosada por la criminalidad.

Las próximas elecciones están programadas para el 9 de septiembre de 2007, y la entrega del cargo ha de tener lugar en enero 2008. Mucho tiempo para un país en desgobierno y en un clima de violencia como la que impera. A tal punto que los candidatos a la presidencia se han visto en la tarea de contratar agentes de seguridad propios para resguardar su integridad. Candidatos como Alvaro Colom de la UNE, Otto Pérez Molina de el PP y Alejandro Giammatei del GANA reconocieron recientemente que cuentan con seguridad personal con armas de alto calibre. 

Todo hace pensar que Colom será el nuevo presidente de Guatemala. Colom es el máximo dirigente de la Unidad Nacional de la Esperanza (UNE), partido de reciente creación; pero que ya había intentado alcanzar la presidencia de Guatemala en los pasados comicios como candidato de la ex guerrilla. El candidato de la UNE, de centroizquierda, señaló que su plan de gobierno estaba basado en dar mejor salud, educación y seguridad gratuita a todos los ciudadanos, crear al menos dos millones de empleos y sacar del abandono y del hambre a más de 200.000 niños guatemaltecos. Es un programa ambicioso que, para llevarlo adelante sin que quede en una simple promesa electoral, necesitara el concurso de todos los guatelmatecos, inclusive del apoyo económico de los otros países latinoamericanos. Pero, mientras no se resuelvan los problemas de corrupción, del crimen y de la enorme desigualdad que existe sin mejorar el acceso a la tierra, se puede socavar la democracia en cualquier momento.