La salud de los juguetes

Por Luis Benítez

Más de un millón de juguetes de origen chino deberán ser retirados del mercado mundial, dado que ciertas sustancias que contienen podrían provocar intoxicaciones y lesiones permanentes -incluyendo daño cerebral- en los niños. ¿Los países afectados por este delivery de venenos?: Francia, EE.UU., Canadá, el Reino Unido, España, Portugal y en América latina, por lo menos México y Argentina. 

La peligrosidad de estos artículos infantiles parece radicar en los componentes de su atractiva pintura, cuyos niveles de plomo hacen riesgosa su ingestión, teniendo en cuenta que están destinados a los más pequeños y que este tipo de usuarios acostumbra llevarse todo a la boca. Entre los juguetes interdictos se encuentran muñecos tan populares como los de Plaza Sésamo o Bob Esponja, dentro de un total de más de 80 modelos a la venta desde hace meses.

China es el mayor productor de juguetes del mundo; en su millar de fábricas, el operario medio gana un dólar y medio al día, contra los diez que reciben, en promedio, sus colegas latinoamericanos.

La economía de escala muestra una vez más que tiene sus riesgos, pues al adquirir la producción allí donde resulta más barata, se corre el peligro de sorpresas como éstas.

Respecto de China, próxima a convertirse en el mayor socio comercial de los EE.UU., resulta más que inquietante leer la información proporcionada por una fuente tan irreprochable como la Administración General de Supervisión de la Calidad (AGSC), un organismo oficial del país asiático, al diario local Noticias de Pekín, afirmando que algunos juguetes fabricados en Hubei, una provincia norteña, contenían desechos industriales que incluían paquetes de alimentos instantáneos usados, periódicos y pelusa de alfombras sucias. Además, los juguetes referidos tienen partes fácilmente desprendibles, que los niños pueden ingerir. 

China exporta a los EE.UU. juguetes por valor de 5.000 millones de dólares, ocupando el 80% de ese segmento del mercado norteamericano. Recordemos que un incidente del mismo tenor que el actual ocurrió en junio pasado, cuando otra empresa importadora estadounidense tuvo que retirar de la plaza un millón y medio de trencitos de madera chinos, pintados con un alto porcentaje de plomo.

En América latina la tranquilidad no es mayor. En México, las importaciones chinas cubren el 50% de los estantes de las jugueterías, lo que produce una cifra de 1.800 millones anuales. En ese contexto, el presidente de la Asociación Mexicana de la Industria del Juguete (AMIJU), Miguel Ángel Martín González, manifestó recientemente a la CNN que 1 de cada 3 juguetes vendidos en México ingresan de contrabando, lo que equivale a 600 millones de dólares "informales", tras operaciones comerciales de muy difícil control. En Argentina, el subsecretario de Defensa del Consumidor de la Nación, José Luis López, manifestó a comienzos de agosto del corriente al diario argentino La Nación que está confirmada la presencia local de toda la línea de juguetes ahora interdicta y que el organismo a su cargo se comunicará con la firma importadora para ver cómo hacer para retirarla. Asimismo, López refirió que se comunicó con todos los países latinoamericanos y que elaboraron un comunicado que advierte respecto de la situación. El funcionario señaló que otros países del área con el mismo problema son Brasil (donde la filial de la exportadora negó esa situación), Paraguay y México.

Mientras el ministro de Comercio chino, Bo Xilai, insiste en que su país da una gran importancia a la calidad y la seguridad de sus productos y en EE.UU. Peter Morici, profesor de economía de la Universidad de Maryland, asevera que no se debe comprar nada de China que pase por la boca de la gente y por las manos de los niños, el hombre medio puede preguntarse qué destino posterior tendrá tan importante stock de mercadería, una vez retirada del mercado del Primer Mundo y de algunos, pocos, países "en vías de desarrollo". 

Seguramente va a ser incinerada.