| Rigoberta Menchu |
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Oussaifi Fatma |
Rigoberta perdió… algunos le sabían de antemano o le preveían.¿Quién habría realmente creído que esta mujer, con el corazón sobre la mano y de convicción colectiva, podía ganarle al empresario Alvaro Colóm o a Pérez Molina, el antiguo militar de gran notoriedad por haber participado en los acuerdos de paz de 1996?. En un país dónde la estabilidad y la paz se imponen como necesidades urgentes, y que acaba de vivir las elecciones más sangrientas desde el fin de los gobiernos militares en 1986, Rigoberta Menchú, en contra de sus dos rivales, no pronunció el discurso que Guatemala de hoy necesita escuchar. Pronunció un discurso que todos deberíamos escuchar.
Desde la humildad de su condición y el orgullo de su título Nóbel de la Paz así como de sus obras le habló a sus semejantes, les comunicó su voluntad y su ambición de hacer de Guatemala una tierra justa donde los derechos de las comunidades indígenas no se burlen y desaparecerá la marginación debida al color de la piel y del rango social inferior. Pero, algunos tienen voluntad y ningún medio. Rigoberta está muy lejos del camino a la presidencia, le carece el saber que, más allá de la sabiduría y más allá de la ambición de justicia y de verdad, desgraciadamente es necesario hoy para gobernar, sea bien o mal. Carece luego de un partido político organizado sobre bases sólidas. Y, además, le falta sobre todo el dinero, un elemento que en nuestros días se volvio esencial para vehículizar las ideas. Digo desgraciadamente, porque muy a menudo estos medios son utilizados a fines de enriquecimiento de ciertos polos en detrimento de otros. Nuestra realidad es de esto el testigo más fiel.
Una mujer de corazón y sin escuela. Una mujer de carácter y sin especulaciones. Una mujer, que sobrevivió a una guerra civil que se llevó a los suyos y a más de 200 000 niños de su etnia, que sobrevivió a las amenazas de muerte y a los asesinatos consumados de siete de sus colaboradores y militantes durante la última campaña electoral. Sobrevive hoy con coraje a la retención de los guatemaltecos y a las tristes divisiones entre las veintitrés diferentes etnias mayas con que cuenta su país, y su falta de solidaridad con una causa que sin el esfuerzo de Rigoberta seguramente habría estado perdida desde hace tiempo en Guatemala.
Sobrevive, al fin, a su fracaso del último domingo, declarando para el diario "Mundo" que, cuando ella había presentado su candidatura, "los partidos se precipitaron hacia los dirigentes indígenas para reclutarlos. Pero lo importante es que hubiera más indígenas electos, poco importen sus etiquetas, y que comencemos a ejercer el poder". Rigoberta no tiene sed de poder, el domingo lo demostró así. |