Las sectas religiosas en América Latina

Por Alicia Cruceira

Es bien conocido que a partir de mediados del siglo pasado, la iglesia católica comenzó a perder cierto poder o dominio que había ejercido por siglos sobre los territorios de América Latina. Esto se debió al auge desmesurado que comenzaron a tener los distintos grupos protestantes que desde Europa y los EE.UU invadieron estos países de habla hispana; especialmente los de Sud América.

Muchos estudios se hicieron al respecto y este fenómeno fue tratado tanto por sociólogos como teólogos quienes indagaron en las raíces de este acontecimiento.

A fines de 1968 un movimiento carismático surgido en Alemania y en otros países del mundo, se disparó velozmente hacia los lugares más recónditos del globo. Tanto católicos como protestantes se adjudicaron la paternidad del mismo, pero fueron sin duda, estos últimos, quienes llevaron a cabo un mayor dominio de las masas. Milagros, sanidades y hasta muertos resucitados son los fenómenos que las iglesias evangélicas se endilgan como propios; claro está que una muy ínfima cantidad de estos casos, se pueden comprobar fehaciente y científicamente.

La Iglesia de Roma catalogó a cuanta congregación surgía del protestantismo, como "secta" y fue así como por años libró una verdadera batalla campal contra éstas. Así mismo las fronteras religiosas no sólo abarcan la diferencia entre católicos y protestantes sino, que aún entre estos últimos existe una marcada separación entre "pentecostales" y "no pentecostales". Estas discrepancias se fueron atenuando con el paso de los años, pero en el interior de muchas denominaciones aún quedan ciertos rasgos discriminatorios entre unos y otros.

Si bien la Iglesia Católica integra a Mormones, Testigos de Jehová, Iglesia Universal y Adventistas del 7mo día dentro de la división del Protestantismo, cabe destacar que aún entre ellos se consideran unos a otros como "sectas" perniciosas o de origen "satánico".

Es así como la Iglesia Evangélica no reconoce como parte propia a estos grupos por considerarlos trasgiversadores de la palabra de Dios, la Biblia.

Es bueno destacar que si bien las iglesias evangélicas crecieron en número según una progresión geométrica en los últimos 30 años, ha llegado al momento a una cierta meseta tal vez debido a la mala reputación que adquirieron ciertos líderes renombrados o famosos.

Lo cierto es que la parte evangélica es dueña de medios de comunicación, tales como periódicos, radios y canales de TV, como así también sellos discográficos y editoriales.

¿Por qué el crecimiento de estas sectas en desmedro de la religión anterior? Tal vez la respuesta haya que buscarla en el desprestigio que sufrió el catolicismo durante las dictaduras militares, ya que fue acusada de colaborar con los dictadores de turno; o tal vez que las sectas evangélicas supieron apuntar su andanada de promesas y bendiciones a un sector altamente carente de bienes y esperanzas; como así también a una mayoría privado de conocimientos que los pudiese ayudar a discernir entre fantasía y realidad.

Lo cierto es que si bien Juan Pablo II había adoptado una posición ecuménica tratando de aunar criterios obviando diferencias, el nuevo líder católico Benedicto XVI no aprueba el ingreso de los cultos cristianos no católicos en las conversaciones por la Unión.

No caben dudas de que la Iglesia Católica frente a esta deserción de fieles ha debido aggiornar sus prácticas adoptando aún las letras de cantos producidos dentro del protestantismo, como así también otras prácticas frecuentes dentro de los cultos evangélicos, tal vez para atrapar o atraer a ese pueblo perdido o al católico indiferente que busca otras "opciones".

Los protestantes por su lado culpan a los católicos de haber permitido un sincretismo descarado con otras religiones paganas, apuntando a la idolatría, la magia y otras prácticas poco bíblicas. Por otra parte los acusadores reciben el mote de "sectarios" y no se los reconoce como "hijos del mismo Padre".

A decir verdad, el afán del hombre por llenar el vació espiritual que lo aqueja, lo lleva a la búsqueda constante de un Dios que supla su necesidad de amor, de perdón y de recursos económicos. También es cierto que para muchos, trabajar, saber y pensar no es suficiente y necesitan de lo místico para apoyar y dirigir sus vidas. Sea cual sea la causa, se debería apuntar a una búsqueda individual y personal, escapando de las masificaciones que desdibujan al hombre y que no permiten utilizar el más grande regalo del Creador: el libre albedrío.