El Remolino

Román Gómez

Cuando éramos muy jóvenes aun; íbamos a bañarnos a una quebrada que pasaba no muy lejos de la finca. Juntos, con unos primos, algunos amigos y unos trabajadores. En aquella edad, en la cual las clases sociales y culturales se revuelven, se mezclan y no existen. Todos éramos amigos.

Salíamos de la casa de la hacienda en dirección contraria al pueblo y nos íbamos por un camino que contornea la colina. Algunos llevábamos la pantaloneta de baño en la cabeza y otros debajo del pantalón. Al comenzar a bajar al valle, nos adentrábamos por unos bosques de guaduales, que estaban tapizados por la hojarasca que cae de los mismos. Uno de mis primos mayores que iba adelante grita: - ¡al último lo pica la culebra!-. Y todos parten en carrera. Yo, que soy de los menores del grupo, corro detrás de ellos y les grito como para que no se me alejen mucho: -¡El que va adelante siempre cae en la trampa!- Y riendo he inventándonos canciones, llegábamos con un ligero sudor y la respiración entrecortada al borde de la quebrada. Pero más nos demorábamos en llegar que en estar dentro del agua, chapuceando y ganando la otra orilla de tres brazadas para volvernos a tirar al agua y quedarnos dentro toda la mañana como si fuéramos una especie de peces algas. 

Antes de partir, remontamos la quebrada pero por dentro del agua, por que los bordes son muy escarpados; de un lado se forma un muro de piedras superpuestas muy liso y del otro un barranco enmarcado por una tupida maraña boscosa. Avanzamos con el agua arriba de la cintura, hasta llegar a un lugar donde la quebrada es mucho mas ancha cuando esta hace una gran curva forzada para luego retomar el camino estrecho. Allí se forma un remolino al chocar el agua con la tierra por no poder continuar en línea recta y al tratar de devolverse se encuentra con su propia agua que baja.

¿Y para que vamos al remolino? Para verlo? ¡No!, Para tirarnos desde el borde de una roca y atravesarlo bajo el agua con el impulso del lanzamiento. -¡El último es una gallina!-. Afortunadamente por mi edad yo estaba dispensado de ser una gallina, no llegaba ni a pollo. Uno de los trabajadores se tira primero; luego mis primos y uno detrás de otro y cada cual guardándose el miedo para si.Y en menos que canta un gallo, han roto la monotonía del agua.

Al salir a la otra orilla uno de los trabajadores, acurrucado en el borde y aun escurriendo agua por todo su cuerpo nos dice: - Cuando a uno lo atrapa un remolino, lo mejor que debe hacer, es dejarse consumir sin ofrecer resistencia, porque en el fondo, el remolino pierde fuerza y allí uno puede alejarse del peligro sin sufrir demasiado. Porque es el susto -agrega- lo que lo ahoga a uno, al querer ganarle a una fuerza superior.

¡Qué filosofía de la vida señores! Pues desde entonces, desde esa época; esa ha sido la filosofía de toda mi vida.