Premio Cervantes 2007 para el poeta argentino Juan Gelman

"De pié contra la muerte"

Luis Benítez


La primera vez que vi un retrato del poeta Juan Gelman fue en una comisaría de Buenos Aires, en un cartel que reclamaba su captura vivo o muerto, ofreciendo una recompensa al más puro estilo western. Eran los años duros de la dictadura argentina y el poeta estaba buscado por cielo y tierra como integrante de la organización guerrillera Montoneros. Exiliado Gelman desde 1975, tras ser amenazado por un grupo parapolicial, la Alianza Anticomunista Argentina, en 1976 su hijo Marcelo y su nuera, la española Claudia García -embarazada de 7 meses- fueron secuestrados y desaparecidos por los militares argentinos. Tenían respectivamente 20 y 19 años cuando esto sucedió.

Gelman había sido la figura señera para toda una generación de poetas, no sólo argentinos, sino latinoamericanos en general, a partir de las publicación de su famoso poemario "Violín y otras cuestiones" (1956). Era la figura clave, en poesía, de lo que se llamó "la literatura comprometida", que aceptaba la obligación señalada antes por Jean Paul Sastre de reflejar y responder a las circunstancias políticas y sociales de la época.

Curiosamente, cuando tuvo que escapar del país bajo riesgo de su vida, la poesía de Gelman había ampliado su registro -sin abandonar la fuerte impronta social que siempre la caracterizó- para volverse más lírica, más compleja, más contundente todavía. Más efectiva.

Cuando esta nota sea publicada, este hombre de 77 años de edad, que invirtió los últimos en buscar a su nieta uruguaya, habrá desaparecido de los titulares de los diarios, de las imágenes televisivas, de la ametralladora periodística de la radio, como manda la efímera vida de las noticias en la posmodernidad. Ocupó durante días esos espacios gracias a que le fue conferido el Premio de Literatura en Lengua Castellana Miguel de Cervantes, el más importante de las letras castellanas, el 23 de abril del corriente año.

Lo puso en sus manos un rey, Juan Carlos I de España, en el paraninfo de la Universidad de Alcalá de Henares, cuna del autor del Quijote. Fue una ceremonia sobria y fastuosa a la vez, como lo manda la etiqueta de las monarquías modernas, y a ella asistieron, además del rey y la reina de España, el jefe de Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, y el ministro de Cultura, César Antonio Molina, más un escogido ramillete de funcionarios, académicos, periodistas, diplomáticos, intelectuales de fuste, editores, otras personalidades.

La candidatura de Juan Gelman se impuso sobre la de otros importantes candidatos, llamativamente, todos ellos latinoamericanos en esta última edición: la peruana Blanca Varela, el mexicano José Emilio Pacheco, el uruguayo Mario Benedetti y el chileno Nicanor Parra.

El argentino es uno de los autores sudamericanos que más premios ha recibido en su carrera. Tiene en su haber el Premio Nacional de Literatura conferido por su país; el de Literatura Latinoamericana y del Caribe "Juan Rulfo" (México); el Iberoamericano de Poesía "Pablo Neruda" (Chile) y recientemente, en 2006, le fue otorgado -también en España- el "Reina Sofía" de Poesía Iberoamericana.

Después de 23 años de búsqueda afanosa, incansable, agotadora, Juan Gelman logró reunirse con su nieta, Macarena, en Uruguay. Tras la desaparición de sus padres, Macarena fue entregada por sus captores a la familia de un policía.

Macarena estuvo presente en la ceremonia y vio a su célebre abuelo y escuchó sus vibrantes palabras, entre los aplausos y los flashes y las transmisiones en directo.

El presidente del jurado que dirimió el premio, Víctor García de la Concha, director de la Real Academia de la Lengua Española, señaló, entre otros conceptos, que Gelman estableció un "amplísimo contacto con los místicos españoles". 

El galardonado expresó en un párrafo de su discurso: "A la poesía hoy se premia, como fuera premiada ayer y aun antes en este histórico paraninfo donde voces muy altas resuenan todavía. Y es algo verdaderamente admirable en estos Dürftiger Zeite, estos tiempos mezquinos, estos tiempos de penuria, como los calificaba Hölderlin preguntándose Wozu Dichter, para qué poetas. ¿Qué hubiera dicho hoy, en un mundo en el que cada tres segundos y medio un niño menor de cinco años muere de enfermedades curables, de hambre, de pobreza? Me pregunto cuántos habrán fallecido desde que comencé a decir estas palabras. Pero ahí está la poesía: de pie contra la muerte".

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