Ingrid Betancourt y Emanuel'(con tilde)

Román Gómez

Que bueno despertarse en la madrugada y suavemente recostado en la cama; comenzar a sentir todo el cuerpo y recorrerlo largamente con el pensamiento somnoliento del amanecer. Inesperadamente; un sonido lejano se lleva mi pensamiento con sueños que jamás realizaré y debo correr tras el, para traerlo nuevamente a mi cuerpo. Vuelvo a beber del aire matinal y continuo el recorrido intencional por mi aperezado cuerpo. Recorro las partes que pasaron mala noche; los músculos que fueron presionados por otros músculos además de los malos sueños que tuve, que por momentos crisparon mis manos y mis piernas y también mi maltratada espalda.

Recuerdo que anoche; cuando comenzaba a dormirme, sentí que caía en un vacío sin fin. Fue tan real la sensación, que mis manos se agarraron para sostenerse del borde de la cama y quede completamente despierto. ¿Fue real lo que me pasó? Fue tan real, que sacudió mi cuerpo y quedé despierto.

Luego me dormí rápidamente y no recuerdo nada de lo que mi mente hizo durante esas seis horas de sueño. Siempre, cuando despierto; tengo la sensación de haber estado haciendo algo con otras personas. Pero mientras más me quiero acordar; mas se me aleja el recuerdo.

Lo mejor de los sueños es que en ellos podemos romper las barreras y tabúes sociales. En los sueños expresamos nuestros miedos reprimidos y nuestros deseos incumplidos. En los sueños nos sentimos libres y a veces superamos un obstáculo de la vida. Debe ser por esto que nos cuesta tanto trabajo levantarnos en la mañana. Nos despertamos recordándonos que estábamos en otro sitio donde todo era realizable, donde podíamos manejar nuestros miedos y deseos, donde yo era el actor principal, y al despertar, eso me hace sentir bien. Para luego, tener que aterrizar en este mundo; donde tenemos que salir a enfrentarnos con toda la hipocresía de la vida de la cual hacemos parte.

Muchos dicen que dormir es lo más parecido a la muerte; como si nos muriésemos un rato todas las noches; porque es de noche que uno se debe morir, es como apagar la luz. Pero si morir es como soñar; bienvenida sea la muerte. No nos gusta pensar en nuestra muerte; pero podemos hablar fácilmente de la muerte de otros. El gran cambio que ha habido en el mundo actual; es que antes se morían tan solo los viejos, ahora no; en este mundo de stress y contaminación en el cual vivimos; la muerte se volvió mas equitable; se lleva por igual a viejos y jóvenes, ricos o pobres, aliviados o enfermos.

Pero también hay gente que esta muerta en vida y eso no es soñar. Como en; "La Vida es Sueño" de Pedro Calderón de la Barca; donde el protagonista fue prisionero desde su infancia y luego llegó a ser rey; y después volvió otra vez a prisión y nunca supo si fue real o si fue un sueño lo que vivió. Lo mismo le va a pasar a Emanuel de 3 años, el hijo de Clara Rojas, la compañera de Ingrid Betancourt; que nació en cautiverio. Su madre secuestrada; su padre; su captor; un guerrillero de las Farc soñador de la libertad. Unión consentida donde se conjugan sueño y realidad. Emanuel nació secuestrado según su madre y libre según su padre. El sueño y el despertar son una sola cosa. Como ese bolero que dice: “quiero vivir soñando.../ Ya estaba muerto! / Ya todo pasó. / Ya nada me asusta. / Yo estoy conmigo.”

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