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Ingrid Betancourt y Emanuel'(con tilde) Román Gómez
Recuerdo que anoche; cuando comenzaba a dormirme, sentí que caía en un vacío sin fin. Fue tan real la sensación, que mis manos se agarraron para sostenerse del borde de la cama y quede completamente despierto. ¿Fue real lo que me pasó? Fue tan real, que sacudió mi cuerpo y quedé despierto. Luego me dormí rápidamente y no recuerdo nada de lo que mi mente hizo durante esas seis horas de sueño. Siempre, cuando despierto; tengo la sensación de haber estado haciendo algo con otras personas. Pero mientras más me quiero acordar; mas se me aleja el recuerdo. Lo mejor de los sueños es que en ellos podemos romper las barreras y tabúes sociales. En los sueños expresamos nuestros miedos reprimidos y nuestros deseos incumplidos. En los sueños nos sentimos libres y a veces superamos un obstáculo de la vida. Debe ser por esto que nos cuesta tanto trabajo levantarnos en la mañana. Nos despertamos recordándonos que estábamos en otro sitio donde todo era realizable, donde podíamos manejar nuestros miedos y deseos, donde yo era el actor principal, y al despertar, eso me hace sentir bien. Para luego, tener que aterrizar en este mundo; donde tenemos que salir a enfrentarnos con toda la hipocresía de la vida de la cual hacemos parte.
Pero también hay gente que esta muerta en vida y eso no es soñar. Como en; "La Vida es Sueño" de Pedro Calderón de la Barca; donde el protagonista fue prisionero desde su infancia y luego llegó a ser rey; y después volvió otra vez a prisión y nunca supo si fue real o si fue un sueño lo que vivió. Lo mismo le va a pasar a Emanuel de 3 años, el hijo de Clara Rojas, la compañera de Ingrid Betancourt; que nació en cautiverio. Su madre secuestrada; su padre; su captor; un guerrillero de las Farc soñador de la libertad. Unión consentida donde se conjugan sueño y realidad. Emanuel nació secuestrado según su madre y libre según su padre. El sueño y el despertar son una sola cosa. Como ese bolero que dice: “quiero vivir soñando.../ Ya estaba muerto! / Ya todo pasó. / Ya nada me asusta. / Yo estoy conmigo.” |